top of page

Las chicas cristianas también hacemos drama

Capítulo 5

 

 

¿Estás bien? -Me pregunto Eydrian.

¿Qué había pasado en los últimos minutos?

-¿estás bien? -  repitió Eydrian.

No podía creer que mis pensamientos me habían hecho una mala jugada, Eydrian me miraba como si fuera la persona más extraña del mundo, mientras me alejaba de si, actúe como una niña inmadura y desesperanzada y me había abalanzado a sus brazos, ahora todo sería más raro entre ambos.

-Mira entiendo que estés molesta con Dios, sin embargo, él no le tiene miedo a tus dudas, es difícil para ti en este momento entender su plan, pero puedo asegurarte que todo cobrara sentido, no puedes imponerte a la voluntad del señor, tampoco puedes esperar que cosas malas no te sucedan, pero puedes disfrutar de su gracia y de su mano que te sostiene aun en las situaciones más difíciles de la vida. Es tu elección.

 

Termino de decir esto y se alejó, me quede allí, abrumada y confundida y no acababa de comprender porque me había imaginado que el me decía que me amaba, llevaba tantos días pensando en el que solo deseaba que el me abrazara, y mientras lo veía alejarse entendí, que el era una pequeña muestra del amor de Dios para mí, pero tal vez yo no lo fuese para él.

 

Los días siguientes a la muerte del abuelo, fueron cálidos, decidí retomar mis hábitos de oración, y de lectura diaria, por alguna razón, me sentía en paz y aun cuando recordaba al abuelo no experimentaba un hoyo en el fondo del estómago, sino una paz que no podría plasmar con palabras.

 

Estaba sentada en la sala, mi hermana se encontraba leyendo envuelta en sus sabanas favoritas, la habitación olía a galletas de canela, mi mamá prefería hacerlas en días de invierno, yo estaba allí sentada meditando en lo sucedido en el cementerio.

¿Qué había pasado conmigo? ¿seria esta una señal de que él era el hombre de mis sueños? ¿tendría que ver aquello con el dibujo de los ojos? ¿había tenido una visión o algo así? Eran tantas las preguntas que rodeaban mi mente, que no me di por enterada cuando sonó el timbre, solo reaccioné al ver entrar a Erin y a Josué con un ramo de flores.

 

-hola querida mía- dijo Josué con acento inglés, me encantaba cuando podía actuar de muchas maneras, me entrego el ramo de flores mientras se acercaba a mi hermana siguiendo su monólogo en ese personaje que tanto fascinaba.

- Me dijeron que solicitaban mi presencia- continuo, mientras Erín y yo nos sentábamos en el mueble mas grande, ella me abrazo fuertemente y nos concentramos en escuchar a Josué.

Su historia era sobre un mercader inglés que había sufrido muchas calamidades en cada uno de sus viajes, y mientras narraba sus desgracias nosotras no parábamos de reír, era tanto el gozo que inundaba la casa que por primera vez en mucho tiempo me sentí realmente feliz, mi madre se unió a nuestro pequeño teatro que ya parecía un circo, mientras jugábamos con cojines y sabanas e imitábamos distintos acentos, no parábamos de reírnos. Pasamos una tarde increíble compartiendo de muchas cosas, cuando de repente sentí que todo el ambiente se puso frio y me sentí culpable, los ojos se me llenaron de lágrimas ¿Cómo podía estar tan feliz cuando el abuelo no estaba? ¿cómo podía pretender que todo estaba bien cuando no lo estaba?

Erin debió notarlo, porque de inmediato dijo, vamos a orar.

“Querido Jesús, gracias porque siempre estas con nosotros y gracias porque eres consuelo en medio del dolor, gracias aun por las personas que ya no están con nosotros y sabemos que están en tu presencia, gracias porque eres nuestro mayor consuelo y disipas toda nuestra oscuridad, queremos vivir en el gozo de tu presencia, amen” mientras ella oraba, una nueva paz me inundo, esta no era como el gozo que había sentido durante la tarde, esta era inexplicable y me sentí realmente agradecida de que Erín fuese mi amiga.

-Hora de irse mademoiselle -dijo ahora Josué con acento francés, todas nos pusimos a reír de nuevo y no pude evitar pensar que él era la representación viva del gozo de Dios.

Mi madre me pidió que los acompañara a la puerta mientras ella empacaba unas galletas para sus padres, caminamos hasta la entrada y Josué se despidió con un tierno abrazo y luego le indico a Erin que la esperaría en el carro.

Mi amiga me regalo una amplia sonrisa, mi madre llego con las galletas y la abrazo, luego entro a la casa y las dos nos quedamos solas.

 

-No te imaginas como te he extrañado Alana, eres una persona muy importante para mí, me gustaría que pasáramos más tiempo juntas, sé que los últimos días no han sido fáciles para ti, pero por favor no me alejes, me encantaría que pasáramos más tiempo juntas.

- También te he extrañado, muchas gracias por venir y siempre estar para mí, tu amistad significa mucho.

- A todas estas, tengo algo que contarte, no se si recuerdas a Eydrian, pues bueno, nos hemos hecho buenos amigos y ayer me invito a salir ¿podrías acompañarme a buscar un vestido?

 

En ese momento Josué toco el claxon del carro y Erín salió corriendo, mientras se alejaba me grito que me mandaría la hora para vernos en el centro comercial. Todo se derrumbo de nuevo, pero esta vez la paz que había sentido antes volvió a inundarme, solo que en mi interior volví a desear con todas mis fuerzas ser ella, de nuevo.

 

 

La mañana siguiente me llego un mensaje muy temprano. “espero hayas soñado con los angelitos, ¿puedes acompañarme a la una de la tarde al centro comercial? Espero tu respuesta, tengo mucho que contarte” acompañado de muchos emojis con diferentes expresiones, tire el celular a un lado antes de responder.

Intente sacar alguna excusa, pero me moría de ganas de saber que tantas cosas debía contarme mi amiga.

Baje las escaleras mientras leía el mensaje una y otra vez, salude a mamá con un beso en la frente y luego dije:

-¿Qué piensas de que vaya al centro comercial con Erin? El tono de mi voz era más bien desinteresado. – Creo que es una excelente idea, dijo mi madre.

Así que le escribí un mensaje sencillo, pero cortes.

Pero no pude evitar sentirme supremamente nerviosa, algo me decía que estaba caminando hacia mi agonía, y esta vez no podría escapar de lo que realmente sentía

¿Qué tendría que contarme?

Jilary con J

bottom of page