UNA CONVERSACIÓN CON LAS HERIDAS NO RESUELTAS
- Jilary Castro
- 27 nov 2025
- 2 Min. de lectura

A veces queremos evitar el pasado como si fuera una hoja incómoda de un libro que preferimos saltar. Nos decimos que si no lo mencionamos, si no lo recordamos, si lo dejamos quieto, algún día dejará de doler. Como si el silencio sanara. Como si hacernos las locas frente a ciertas escenas pudiera borrar lo que pasó. Pero las heridas no funcionan así. Las heridas necesitan cuidado, necesitan atención, necesitan una conversación honesta que muchas veces hemos evitado por años.
Hay momentos del pasado —sobre todo de la infancia— a los que pasamos la página sin haberles escrito un cierre. Y por más que creamos que quedaron allá lejos, siguen presentes en formas que ni siquiera imaginamos. Porque lo que no se recuerda con intención, se repite sin darnos cuenta. Las historias no habladas se convierten en hábitos. Las emociones no nombradas se convierten en formas de reaccionar. Los capítulos que dejamos a medias no se quedan congelados: permanecen abiertos, esperando el momento para reanudarse.
Y aquí es donde tenemos que ser honestas. Todas tenemos esos momentos “pequeños” que marcamos como tonterías, como cosas que no importaban, como juegos que no valía la pena analizar. Pero sí importaron. Ese comentario sobre tu cuerpo o sobre tu cabello. Esa comparación que te hizo sentir menos. Ese día en el que alguien te ignoró cuando buscabas aprobación por primera vez. Esa sensación de haber sido desplazada, rechazada o invisibilizada. Lo que tú llamaste “no pasa nada” en realidad dejó huella… y hoy todavía estás respondiendo desde esa huella.
Muchas luchas en nuestra adultez no vienen del presente. Vienen de capítulos viejos. El miedo al compromiso, el patrón de comparación, la necesidad constante de validación, el temor a ser abandonada, esa reacción exagerada ante cosas simples… casi siempre vienen de un lugar más antiguo, más profundo, más inocente, donde algo dentro de nosotras se rompió. Y si no volvemos a mirar esos episodios con verdad, crudeza y responsabilidad seguiremos repitiendo conductas que no entendemos. Porque sí: las heridas de la infancia hablan, aunque no queramos escucharlas. Enfrentarnos a ellas y conversar con ellas, es el único camino.
Por eso hoy quiero invitarte a algo que parece sencillo, pero es muy valiente: tener una conversación con tus heridas no resueltas. Toma un cuaderno esta noche. Siéntate contigo misma. Escribe las preguntas que a veces te dan miedo: ¿Por qué reacciono así? ¿Por qué me afecta tanto esto? ¿De dónde viene este patrón? ¿Qué recuerdo aparece cuando lo pienso con calma? Permite que tu historia te hable. No para herirte otra vez, sino para mostrarte dónde necesitas cerrar y dónde necesitas sanar.
Y si no sabes por dónde empezar, ve al perfil en Instagram de @JilaryconJ y busca los posts sobre mi infancia, primeros capítulos, heridas tempranas, creencias que se formaron en esos años en los que ni sabíamos que la vida nos estaba moldeando. Léelos con calma. Te van a dar una ruta, claridad y claves para entender lo que quizá nadie te enseñó a mirar.
Porque sí, todas tenemos heridas. Todas tenemos capítulos abiertos. Y todas podemos empezar esa conversación pendiente… cuando decidimos no huir más.
Con amor, Jila

Comentarios