top of page

Érase una vez un sueño

Cuando éramos pequeñas soñábamos todo el tiempo. ¿Te acuerdas? Soñábamos despiertas sin miedo a nada. Decíamos lo que queríamos sin pensarlo dos veces, como si el mundo estuviera esperando que lo hiciéramos realidad. Todo se sentía posible. Todo. No había esa vocecita que hoy a veces aparece diciendo “¿y si no puedes?”. Pero crecer trae cosas que nadie te explicó. Cosas que se salen de tu control, cosas que duelen, cosas que te frustran. Y sin darte cuenta, un día te das cuenta de que dejaste de soñar. No porque no quisieras, sino porque la vida te distrajo, te exigió, te cansó un poquito.


Y yo quiero que volvamos a ese lugar. Ese que dejaste quieto hace años. Ese donde cantabas a todo volumen en tu casa sin pena, donde inventabas historias larguísimas que solo tú entendías, donde armabas castillos con bloques de colores creyendo que algún día ibas a construir cosas hermosas para el mundo. Ese lugar sigue ahí. Esa niña sigue ahí. Solo que está esperando que la escuches otra vez.


Para eso necesitamos algo que a veces evitamos: tener conversaciones vulnerables. Conversaciones que no se quedan en la superficie. Conversaciones que te obligan a detenerte, a respirar, a mirar bien. A recordar lo que dejaste archivado. Por eso me encanta hablar con niños. Porque los niños preguntan lo que los adultos ya no se atreven a preguntar. Los niños te miran directo y te dicen: ¿cuál es tu princesa de Disney favorita? Y tú te quedas pensando. O te preguntan si te gustan más las uvas o el queso, y por qué. Y tú ahí, intentando dar una respuesta que no sea la típica. Porque ellos no quieren la respuesta rápida. Ellos quieren conocerte.


Y creo que necesitamos eso: preguntas que nos hagan volver a nosotras. Que nos frenen un momento. Que nos recuerden lo que sentimos de verdad. Por eso hice este juego. Quizás lo has escuchado, aquí le decimos Piojito. Es sencillo, pero abre conversaciones hermosas. Te sientas con una amiga, con alguien con quien confíes, te tomas algo rico, hablan despacio, sin prisa, responden preguntas que parecen simples pero no lo son. Y mientras juegan, empiezan a contarse cosas que hace rato no decían. Cosas que duelen y cosas que sanan. Cosas que despiertan sueños.

De verdad espero que este recurso te sirva. Que te abra un espacio bonito. Que te recuerde que tus sueños no se fueron. Que siguen ahí, esperando. Y que a veces solo necesitas una conversación honesta, una pregunta inesperada o un juego sencillo para acordarte de lo que siempre estuvo dentro de ti. Porque, amiga, los sueños que recuerdas a tiempo… son los que vuelven a hacer tu mundo más hermoso.


Descarga aquí, con amor Jila


 
 
 

Comentarios


Jilary con J

bottom of page